FARO DE CABO HOME, CANGAS

De siempre me gustaron los acantilados, fuera de esa sensación que da la fuerza del mar al romper en la roca, buscando un refugio, su refugio, que el hombre solo ahí no es capaz de dominar, ni de echarle tierra para construir esos terrenos falsos, esos metros robados al mar, que enfadado y queriendo recuperar su lugar, sus tierras, invaden la marca que les había sido robada, no existen papeles pero el ocupa su sitio, nos pone en su lugar.


Los acantilados muestran también las características de la zona, su terreno. Así los acantilados que pude ver en Mallorca en nada se parecen a los del Algarve, y ni punto de comparación con los gallegos, pero cada uno tiene escondrijos seguramente aprovechados por algunos para fines no tan legales y por otros más relajantes. El respeto es fundamental aunque no haya papeles por medio, estaba antes y seguirá después.
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