Desde hace unos días el canto de un gallo, que no el de un loco, hace un poco más amena la vida del barrio, que no es que sea aldea pero siempre es agradable sentir ese contacto entre la aldea y el mundo de ciudad; podría decir que se trata una de esas “ciudades dormitorio” que les gusta describir a los entendidos y que por estar próxima a una ciudad mantiene ese “toque” de la tranquilidad de antes con la modernidad y comodidad de ahora.

Mi amigo el gallo comienza su jornada a las ocho de la mañana y sus cantos, un poco frecuentes la verdad, se prolongan a lo largo de una jornada que finaliza a las siete u ocho de la tarde más o menos. Lo cierto es que no sé todavía de que casa es, lo cual no dice mucho a mi favor, lo cual me hace pensar que tal vez se oculte en algún rincón escondido donde, tal vez secuestrado esté pidiendo auxilio, lo cual sostiene mi hipótesis que hoy no lo he oído, tal vez liberado de su condena o sufrió un final no tan de telenovela y ahora tengamos que estar hablando de su deceso y de lo bonito que era su cantar y lo que alegraba la vida del barrio.

Suponer por la manera de cantar como es me resulta un poco del mundo de las brujas y las adivinas, pero me lo imagino altivo, allí en su trono, en el alto del gallinero, con todas las gallinas a la vista, agitando sus barbas con cada “ki ki ri ki” y sus garras fuertemente sujetas y firmes contra el suelo, con carácter y energía. Todo esto es una especulación pues no lo he visto, pero me hace pensar en:

-Lo que mostramos es siempre lo que somos?

-Debemos fiarnos de un acto, un canto, para juzgar a una persona?

Lo cierto es que esto es más que evidente, y ni nos mostramos al 100% y en el caso de juzgar a una persona muchas veces no esperamos a un cantar, sino que lo hacemos por la apariencia y no sé que será peor! En una sociedad donde proliferan muchos “gallitos” las “gallinas” estamos un poco confusas y tenemos líderes a los que seguir y el caos está presente. Normalmente, en la escala social siempre existen un poco los que llamamos “gallitos” dominantes, que pretenden ser líderes y no siempre “nacen” con ello, pero sí le ayuda ese carácter en su objetivo.

Mi gallo ha dejado de cantar y espero que vuelva a hacerlo, lo cierto es que me gusta tener ese contacto con la aldea y la tranquilidad que siempre acompaña.