Desde hacía tiempo su vida no tenía mucho sentido, asi que optó por contestar esa invitación que recibía en aquel portal para conocer chicos, y que en un principio no lo había tomado demasiado en serio, pero ahora se encontraba sola y perdida, asi que se dijo: Porque no? Se puso una ropa bonita, no demasiado cargante no quería llamar demasiado la atención, en el fondo quizás tuviese miedo de como iba a reaccionar. Se miraba al espejo tratando de disimular su ánimo y sus esperanzas que eran pocas, se maquilló, ligero, nunca le había gustado demasiado y se dijo a sí misma: Hoy puede ser un gran día, tú puedes estas guapa, nada, eres guapa!

Intentando disimular los nervios cogió su bolso y se miró en el espejo de la entrada, y se dijo: Si si si! Me gusta!. Salía por la puerta con una mezcla de ansiedad por saber lo que se encontraba, y si sería capaz de romper ese hielo que siempre la invade cuando conoce a una persona por primera vez, se corta se empieza a bloquear y no es capaz de articular palabra, ese era su mayor miedo, pero se animó, se dijo a si misma que ya era hora de que plantase cara a todo esto y actuase como lo le gustaba comportarse, que interpretase un personaje, el de chica extrovertida, con facilidad de palabra y que no tiene miedo a tirarse por un puente sin mirar o pensar demasiado las consecuencias de ello. Lo había consultado con una amiga, necesitaba ese impulso que solo hablarlo permitía dar el primer paso, el más difícil!

Quedarían en un local que ella conocía, necesitaba sentirse cómoda y acogida y ese lugar le calmaba los nervios, además de ser acogedor, se podía hablar con normalidad. En el chat su foto de perfil era el de un chico tranquilo, claro que tenía la duda de… tal vez sea una foto de modelo como pone mucha gente? Ella había puesto una foto de esas que quitan con un paisaje espectacular de fondo y ella en una esquina pequeña, así que las posibilidades de reconocerse estaban un poco en duda. Habían sugerido ir ella con el libro de Paulo Coelho:”El alquimista”, uno de sus libros favoritos, y el llevaría otro libro bajo el brazo “La mano de Fátima”.

Llegó al local con suficiente tiempo, así que se sentó en su zona favorita, en el fondo del local, y sacó su libreta de sentimientos, así la llamaba, formaba parte de esas cosas que metemos en el bolso, a veces inútiles, pero esa era imprescindible, igual que ese libro que la acompaña en muchas ocasiones. Así fue se puso a escribir un poema, que no acertaba demasiado a terminar, estaba nerviosa en el fondo! A cada rato que a una de las mesas llegaba gente, levantaba la mirada esperando que fuera esa persona que tanto esperaba, pero no llegaba. La hora se echaba encima y se estaba poniendo un poco nerviosa incluso estaba pensando la posibilidad de abandonar e irse… Esto es una locura! (pensaba).

Con media hora de retraso llegó un chico con el libro bajo el brazo, se acercó a ella y le dijo si se llamaba Paula, ella con las mejillas sonrojadas y presa del abordaje inesperado, consiguió decir… si, soy yo! Y tu eres Antón? Con un movimiento de cabeza dijo que si. Se sentaron y comenzaron a hablar de esos libros que llevaban en las manos, asi rompieron el hielo, luego surgieron noticias, otros temas de conversación: De donde era, donde trabajaba, que les gustaba… Hasta cerrar el local y colmar la paciencia de la camarera que insistió hasta cuatro veces que iba a cerrar, que estaban recogiendo y nos dejaba un poco mientras recogían, pero nosotros movíamos la cabeza como si escuchásemos lo que nos decía, pero lo cierto es que estábamos atentos el uno al otro, y no parábamos de hablar. Me quedaba prendada de sus ojos, tenía una mirada tan dulce y tranquila que no paraba de reir, me daba paz conversar con el, y la verdad… era guapísimo, era el chico de la foto, igual de verdad, pero más guapo al natural. Salimos del local y nos dimos los teléfonos, nos llamaríamos, el tiempo se nos había echado encima y yo mañana tenía que madrugar.

Cuando vi la hora en el móvil, no me podía creer la hora que era… Habíamos estado hablando seis horas, no me había sentido nerviosa ni cortada… un calor en mi cara se vino de repente intentando recordar cada momento y una sonrisa dulce y fresca se reflejaba en el espejo en ese momento. No fue capaz de quitarse ni cuando llegó a casa, revivió esos momentos y esa noche no fue capaz de conciliar el sueño, recordando esa mirada, esa sonrisa, y ese olor que venía a ella como un soplo de aire fresco, y le producía de nuevo una sonrisa.

Esa mañana Paula llegó tarde, intenté disculparla con el jefe, que vendría enseguida, el tráfico en la ciudad estaba imposible y alguna obra la habría retrasado. Al fin apareció, y ni que decir tiene que a todas y sobre todo a todos les llamó la atención la sonrisa con la que entró. Hizo un paseo triunfal, de modelo de pasarela, de repente se había convertido en un cisne y los chicos la miraban de otra manera, y esas compañeras orgullosas y malévolas que siempre la chinchaban porque a esa edad no tenía novio, se callaron y corrieron a ella para conocer quien había producido ese cambio, y preguntarle para saber y claro… correr el rumor. Cuando llegó junto mía me guiñó un ojo, yo sabía de que se trataba y nos reímos, no paramos de reir en toda la mañana.

- Y tú que tenías miedo de las citas a ciegas…

- Lo sé otra vez te haré más caso, eres un cielo compañeira!, luego te lo cuento todo, todavía ahora estoy en una nube!